jueves, 11 de julio de 2013

El ramadán




Si llegas a Marruecos en coche, coges la autopista y al parar en un área de servicio para tomar algo compruebas que está cerrada y hay varios marroquíes durmiendo bajo la sombra de un árbol es que has venido en Ramadán.

El Ramadán es uno de los pilares del islam, es el mes del ayuno y no puedes ni debes comer, beber o fumar  desde la salida hasta la puesta del sol. Deben cumplirlo todos los musulmanes, tanto los hombres como las mujeres y solo quedan al margen los niños, las mujeres embarazadas  y los enfermos. Pero los niños quieren hacerlo porque así se parecen a los adultos.

Ellas no pueden maquillarse ni perfumarse ni llevar faldas cortas durante el día lo que da un aspecto algo más triste al paisaje urbano.

Te explicarán que es un período de purificación espiritual, de renuncia a las comodidades y de acercamiento a los que pasan hambre, pero en Marruecos se ha transformado en toda una tradición, en todo un fenómeno social que nadie cuestiona, al menos en público, y del que se sienten orgullosos.

En el año 2009, un grupo alternativo en defensa de la libertad individual y en protesta contra el dogmatismo religioso empezó colocando sus fotos en Facebook con la leyenda “nosotros no hacemos el ayuno” y llegó a convocar a sus seguidores a comerse un sándwich en público. La cita era en la estación de Mohamedia, equidistante entre Casablanca y Rabat, y al bajar del tren había 100 policías esperándoles. Ellos eran 10. Todo acabó con su detención por razones de seguridad y un gran revuelo mediático del que se recuerda un titular memorable que decía “100 policías contra 10 sándwiches”. Conclusión, poca broma con el ramadán.

Muchos te dirán que los demás no siguen el ramadán, que en sus casas comen, pero que ellos sí que hacen el ayuno. Lo cierto es que no hay estadísticas sobre su seguimiento pero sospecho que si se hiciera una encuesta todos contestarían que si porque lo realmente importante es vivirlo y en esto todos coinciden.

En estos tiempos en que se habla tanto de la cultura del esfuerzo es cierto que el ayuno del ramadán es un ejercicio de fuerza de voluntad y de disciplina inmenso y que merece ser valorado. Todas las religiones monoteístas han practicado o promovido el ayuno de una u otra forma.

Notarás que se acerca el Ramadán porque en los medios de comunicación se informa de los esfuerzos que está haciendo el gobierno para que no suban los precios de los productos básicos para las comidas del Ramadán. Pero los precios suben cada año a pesar de lo que diga el gobierno.

La fecha exacta depende de la fase lunar o del croissant como le llaman por aquí.  Hará falta esperar hasta la puesta del sol y ver la luna para conocer la fecha exacta con pocas horas de antelación. Suena a romántico el no utilizar los conocimientos y los cálculos en astrología para determinar la fecha exacta y seguir la tradición milenaria de la observación, pero así se mantiene la incertidumbre hasta el último momento para añadirle algo de misterio. Al final es el Ministerio de Asuntos Islámicos y del Habous el que anuncia por radio y televisión la fecha oficial del inicio del Ramadán. Por cierto, que la fecha varía según los países y aunque se están haciendo esfuerzos para su unificación en todo el Islam  no parece fácil.

Dicen que lo que más cuesta son los tres primeros días hasta que se acostumbra el cuerpo y que lo que más se echa a faltar es el café o el té de la mañana. La  falta del café o del té les ocasiona dolor de cabeza los primeros días.

El ramadán afecta y se nota en la vida diaria de Marruecos, todo es más lento y baja la actividad y desde luego las revoluciones. Los extranjeros que viven en Marruecos aprovechan el ramadán para irse a sus países de vacaciones, muchas empresas cierran para evitarse problemas porque el rendimiento laboral baja sensiblemente, otras reducen sus horarios adecuándolos al ayuno y todos los cafés y restaurantes permanecen cerrados durante el día. Todos no, sorprendentemente los Mac Donald´s son los únicos establecimientos que permanecen abiertos con un gran cartel que dice “solo se sirve a los niños y a los extranjeros”. Pero así y todo, el  paisaje de la ciudad aletargada te llamará la atención.

El ramadán tiene un coste económico para el país no despreciable. Los turistas se retraen, la actividad productiva baja y el PIB se resiente, pero no importa. En este caso, la tradición manda sobre la economía.

Duermen poco y mal y conforme avanza el ramadán los verás más cansados y más fatigados hasta la última semana en que los efectos se hacen mucho más evidentes. Como duermen poco y mal, cunde el mal humor, aumentan las riñas y se enzarzan en discusiones estériles. Lo saben, pero lo asumen y te lo explican como efectos colaterales.

Se habla más de comida y todo invita a estar en la casa, estirado en el sofá frente al televisor, viendo las intrascendentes teleseries de la programación especial para este mes que emiten las cadenas locales. Las horas frente al televisor aumentan de forma significativa y las cadenas locales aumentan su cuota de pantalla, en detrimento de las cadenas extranjeras, aunque todos critican la programación de cada año.

Hacia las cuatro de la tarde empieza la actividad. Las mujeres salen para hacer las compras de última hora para preparar la comida y el tráfico aumenta porque todos quieren estar en casa para la puesta del sol. Llevan muchas horas de ayuno y tienen prisa lo que hace especialmente peligrosa la conducción en estas horas así que, si puedes, harás bien en evitar coger el coche.

Al final llega el momento más importante del día, la puesta del sol y el “ftour “o la comida de ruptura del ayuno. Por cierto, nuestra expresión “desayuno” también quiere decir ruptura del ayuno.

Todos están sentados en la mesa con la comida delante esperando la señal. Es como cuando en el reveillón de fin de año todos están con las uvas delante esperando las campanadas. Aquí la señal la da el muhacín con la llamada a la oración del crepúsculo o una salva de cañón que en Rabat sale del Palacio Real y en las otras ciudades  de algún viejo y tradicional cañón.

En estos momentos no verás a nadie en la calle. Ni policías, ni taxis, ni peatones, la ciudad se queda completamente vacía. El paisaje urbano deviene inédito y extraño.

El ftour básico consiste en un vaso de leche, luego la “harira”, la tradicional sopa marroquí que precede a un huevo duro especiado con comino y unos dátiles y, al final, la “chebaquia” un pastel ineludible en estas fechas con mucha miel. Esta es la base incuestionable e invariable y a partir de aquí cada cual puede añadir lo que quiera.

Si estás en Rabat en ramadán deberás ir a Chez Ouazzani o a El Bahía para el romper el ayuno porque  son los más auténticos. Ves y descubrirás el por qué.

Luego, poco a poco, una explosión de vida inunda la calle. Los comercios abren, las cafeterías se llenan de gente y todos salen a celebrar el fin del ayuno. El ambiente es de fiesta y la música suena por todas partes. La ciudad renace de nuevo con todo su ímpetu.

Hay una noche especial, la del día 26 conocida como la noche del destino en que se celebra la revelación del Corán al profeta. Los ángeles descienden a la tierra desde la puesta del sol hasta el alba y los espíritus de los muertos vistan a sus familias. Es el único día del ramadán en el que se come el cús-cús. Es un día de especial   espiritualidad en el que habrá que vestirse de forma tradicional e ir a la mezquita a dar las gracias a Dios y rezar toda la noche hasta el alba.

También es el día de los niños que este día y solo este día se inician en el ayuno. Los visten de gala, ellas maquilladas y con el kaftan y ellos con la chilaba. Después de la ruptura del ayuno las madres los llevan a pasear y las tiendas de fotografía preparan un escenario con un sillón que parece un trono para hacerles la inevitable fotografía que guardarán con cariño como recuerdo de aquel ramadán.

Hay quien dice que, al día siguiente, hay que visitar el cementerio, llevar agua de azahar y velas a los familiares que allí descansan y dar el valor de un día de comida a los pobres para validar el ayuno. Pero en esto hay división de opiniones.

Te dirán que el ayuno es bueno para la salud, que limpia el cuerpo por dentro, que pierden peso y que todo son ventajas. No hay evidencias científicas pero ellos lo ven así.

Con el tiempo llegarás a la conclusión que el ramadán bien hecho imprime carácter y fortalece el espíritu y poco a poco te irás adaptando con pequeños esfuerzos o sacrificios. Pasarás del desayuno a la cena suprimiendo la comida y no te apetecerá comer o beber en público.

Y hasta hay quien, de regreso a su país en Europa, hace el ramadán a su manera dejando de fumar y de beber alcohol durante todo el mes.





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